Por: Edwin Florian
La proliferación descontrolada de bancas de lotería y apuestas en San Juan de la Maguana da vergüenza. Lo más preocupante no es solo la cantidad de estos negocios, sino la aparente indiferencia de las autoridades municipales y gubernamentales, que parecen haber decidido mirar hacia otro lado mientras el problema sigue creciendo.
Basta con recorrer los alrededores del Hospital Regional Dr. Alejandro Cabral para comprobarlo. En una sola cuadra operan, al menos, ocho bancas: cuatro frente al centro de salud y las demás distribuidas en las esquinas cercanas. Esta realidad resulta preocupante, tomando en cuenta que la normativa del Ministerio de Hacienda establece restricciones para la ubicación de estos establecimientos cerca de hospitales, centros educativos, iglesias y otros espacios sensibles, con el propósito de proteger a la población y mantener un orden en la instalación de estos negocios.
Más allá del incumplimiento de las normas, esta situación refleja una realidad social inquietante. No es casualidad que las bancas se concentren principalmente en sectores con mayores niveles de vulnerabilidad económica. En Villa Flores, por ejemplo, hay más bancas instaladas que en sectores como El Lucero, Villa Alejandra, Villa Ofelia, Villa Felicia, el barrio Los Americanos y el sector Los Maestros, todos juntos. En estos últimos reside una población con mayor poder adquisitivo que la de Cristo Rey.
Si bien es cierto que la instalación de estos establecimientos representa una fuente de empleo para decenas de familias y un ingreso para quienes alquilan los locales donde operan, también es cierto que su crecimiento descontrolado evidencia un problema social que ninguna autoridad parece dispuesta a enfrentar. No se trata de cuestionar el derecho de una empresa a operar legalmente, sino de exigir que exista una planificación responsable y el cumplimiento de las normas. Cuando las bancas se multiplican sin control, especialmente en los sectores más vulnerables, las consecuencias trascienden lo económico.
La pregunta es inevitable: ¿por qué las bancas se multiplican precisamente donde las familias tienen menos recursos? La respuesta parece estar en un modelo de negocio que encuentra en la necesidad, la desesperanza y la ilusión de obtener dinero fácil un terreno fértil para expandirse.
Pero el problema va mucho más allá del impacto económico. La expansión indiscriminada de las bancas también fomenta la ludopatía, una adicción al juego que puede destruir la estabilidad financiera de las familias, afectar la salud mental, deteriorar las relaciones personales y llevar a muchas personas a endeudarse o perder el patrimonio construido con años de esfuerzo. Cuando en un mismo sector hay una banca en casi cada esquina, el acceso permanente al juego aumenta el riesgo de que niños, jóvenes y adultos normalicen esta práctica y desarrollen una conducta adictiva.
San Juan necesita políticas públicas que fomenten la educación, el emprendimiento y la generación de empleos dignos, no una economía sustentada en la esperanza de un golpe de suerte. Cada nueva banca que abre sus puertas representa una oportunidad menos para que ese espacio sea ocupado por un negocio productivo, un centro de capacitación, una biblioteca o cualquier iniciativa que aporte al desarrollo de la comunidad.
Las autoridades tienen la responsabilidad de hacer cumplir las regulaciones existentes y detener el crecimiento desordenado de estos establecimientos. El desarrollo de un pueblo no se mide por la cantidad de bancas que tiene en cada esquina, sino por las oportunidades que ofrece a su gente para salir adelante con trabajo, educación y esfuerzo. Permitir que las bancas sigan expandiéndose sin control no solo afecta el orden urbano, sino que también contribuye a una cultura de dependencia del azar, en lugar de promover una cultura del trabajo, el ahorro y la superación.
San Juan merece un debate serio sobre este tema. No podemos seguir aceptando como normal que las bancas se multipliquen más rápido que las oportunidades de empleo, los centros de formación o las inversiones productivas. El verdadero desarrollo de una sociedad no se construye apostando al azar, sino creando oportunidades para que su gente prospere con dignidad.

