“Nos hemos quedado sin dinero”: El mayor burdel de Europa se declara en bancarrota por el coronavirus

El burdel Pascha, situado en la ciudad alemana de Colonia y considerado el mayor de Europa, se ha declarado este martes en bancarrota debido a las restricciones impuestas por la pandemia del covid-19, informan medios locales.

“Es algo inimaginable, pero presenté la petición de quiebra al tribunal local el martes, hemos terminado”, explicó Armin Lobscheid, director gerente del lupanar, en el que trabajaban 120 mujeres y que en el pasado llegó a facturar millones de euros.

¿Quiebra evitable?

Durante los últimos cinco meses de inactividad en medio de la crisis sanitaria, el burdel agotó todas sus reservas, pues tuvo que seguir pagando a los 60 empleados, entre cocineros, peluqueros, electricistas, limpiadores y guardias de seguridad.

Lobscheid criticó que las autoridades prohibieran la prostitución debido a la pandemia. “Nos pospusieron otras dos semanas cada 14 días”, indicó, detallando que esta situación les impide planear las cuestiones relacionadas con el negocio.

En este sentido, dijo que podrían haber evitado la quiebra con la ayuda de los bancos si las autoridades les hubieran permitido reabrir a principios del próximo año. “Al final se trata de que nos hemos quedado sin dinero […] no tenemos otra opción”, se lamentó el empresario.

Sin protección

Ahora es una incógnita saber que pasará con el edificio de diez plantas, propiedad de la compañía Timoste Appartementhotel Schildbach KG, que siempre ha sido un prostíbulo. Es poco probable que se obtenga un permiso para que se convierta en un hotel o alojamiento para refugiados, pues antes tendría que ser sometido a un reforma a fondo.

Por otro lado, Lobscheid asegura que el negocio de la prostitución continúa pero de manera ilegal. “Las mujeres ahora se encuentran con hombres en hoteles, apartamentos, automóviles”, dijo Alice Schwarzer, activista por los derechos de la mujer.

En este sentido, Schwarzer precisa que las meretrices ya no gozan de protección y están indefensas ante los proxenetas y clientes porque, en caso de que ocurra algo, ya no pueden acudir a la policía.

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