Familia languidece en el Túnel de Capotillo

Santo Domingo.- Angustiada y sin poder contener el llanto, Ñiorkis María Víctor relata la difícil situación que vive con dos de sus tres hijos. Mientras las lágrimas caían por su rostro, narró que a su primogénito de 15 años le fue detectado un tumor en la cabeza y a su hijo menor, con tan solo siete años, una ‘varilla le atravesó el ano’.

Ñiorkis reside en una pequeña casa en estado deplorable, con bajas condiciones humanas y de salud que, junto a su esposo tratan de sobrevivir y sacar hacia delante a sus tres hijos a pesar de las precariedades con las que viven

Aglomerados en dos habitaciones, separadas por un baño sin puerta, todo dividido con hojas de zinc oxidadas y con cartón, vive la familia en una especie de cueva abierta en el Túnel de Capotillo, Distrito Nacional.

Estrecho y sin ventilación es el espacio donde se ubica el pequeño camarote de dos niveles compuesto por dos colchones viejos que periodistas de LISTÍN DIARIO pudieron observar. En estas condiciones es como duermen cada noche sus tres niños. La segunda, es una niña de 12 años, quien ayuda a su mamá con los quehaceres domésticos.

De acuerdo con María, su hijo mayor, a quien este medio reserva su nombre para proteger su identidad, fue diagnosticado de un tumor en la cabeza y a pesar de que dispone del seguro subsidiado, la madre cuenta que “el infante no está recibiendo ningún tipo de tratamiento” y, no tiene la condición económica para cubrir los gastos.

La tristeza envuelve a Ñiorkis al explicar el estado de su hijo mayor. “Los doctores dijeron que el tumor no se puede extirpar debido a que toca partes del cerebro”.

Mostró a este medio las imágenes diagnósticas y los demás estudios realizados al menor.

Las penas no acaban

Su hijo menor, a tan corta edad, se encuentra en delicado estado de salud por una varilla que le traspasó el ano y ahora para poder drenar las heces fecales, debe utilizar un dispositivo de ostomía.

“La varilla le perforó los intestinos. Tiene una colostomía (proceso quirúrgico) y está evacuando por esa fundita”, fueron las palabras de Ñiorkis segundos antes de romper en llanto.

Este trágico escenario ha golpeado a la familia Víctor, quienes viven del “día a día” y carecen de recursos para tener una vida plena y digna. En ese sentido, dice que nunca ha recibido ningún tipo de ayuda.

La madre, ante esta situación, pide a las autoridades que la ayuden con la construcción de su hogar y con la salud de sus hijos. “Me gustaría que me ayuden a arreglar mi casita… ustedes ven cómo vivimos”, expresa mientras observa las condiciones del interior de su vivienda.

María Víctor no trabaja. Su esposo es la única fuente económica que sostiene el hogar, buscándose la vida vendiendo auyamas en el Mercado Nuevo  y de lo que “pueda conseguir en el transcurso del día”.

En las afueras de la casa, justo al frente de la puerta de madera, se encuentra una patineta de color blanco y rosado, que solía montar el infante de siete años de edad.

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