En los pasillos hospitalarios, en salas de residentes y en discusiones académicas cada vez más digitalizadas, emerge un término cargado de juicio y simplificación: “médicos desfasados”. Una etiqueta que, aunque aparentemente inocente, encierra tensiones profundas entre generaciones, modelos de aprendizaje y la velocidad vertiginosa del conocimiento médico contemporáneo.
Pero, ¿Qué significa realmente estar “desfasado” en medicina?
Para la generación de cristal de médicos actuales, los cuales según su propio criterio están muy actualizados en el quehacer de la medicina, los médicos que no son de su generación están desfasados.
Vivimos en una era donde la información médica se duplica en cuestión de meses. Guías clínicas se actualizan, algoritmos cambian, y nuevas tecnologías redefinen diagnósticos que antes eran incuestionables. Sin embargo, la actualización constante no siempre equivale a mejor criterio clínico.
El conocimiento sin contexto puede convertirse en una herramienta peligrosa.
Un médico con décadas de experiencia puede no manejar la última guía al detalle, pero posee algo que no se descarga ni se memoriza: juicio clínico refinado por la realidad del paciente.
Algo que al parecer está olvidando esta generación de médicos es que están en el lugar que ocupan gracias a esos médicos que ellos despectivamente llamada desfasados. Están tan ciegos por el ego y el orgullo, el creerse mejores que los demás, que olvidan, que las canas y la edad merecen respeto. Olvidan valores tan elementales como la ética, el respeto, la honestidad, la empatía, LA HUMILDAD.
Médicos de cristal, ciegos y sordos, que solo se escuchan a sí mismos. Personas que creen que, por saber mucha teoría, o dominar algunas técnicas quirúrgicas o procedimientos modernos, ya están por encima de los demás. Olvidan que títulos, conocimientos y habilidades sin humildad, no significan nada. Estos solo les hacen médicos, pero nunca, bajo las actuales condiciones llegaran a ser buenos médicos.
La experiencia no es resistencia al cambio; es filtro.
La juventud no es garantía de precisión; es potencial.
La medicina de excelencia no se construye eligiendo un bando, sino integrando ambos.
No importa que tanto bulto y ruido hagan en las redes, solo alcanzaran la categoría de médicos.
Un médico “actualizado” que no sabe cuándo apartarse del algoritmo puede ser tan peligroso como uno que nunca lo ha leído.
Generación de egocéntricos, broncemicos, a quienes solo les importa el propio bienestar económico, no el bienestar del paciente. Médicos sin capacidad de servicio, que solo se sirven de los dones y talentos que Dios les entrego, olvidando algo aún más importante: Dios les va a pedir cuentas.
No todos los médicos mayores están desactualizados.
No todos los médicos jóvenes están preparados.
El verdadero desfase no está en la edad, sino en la postura frente al aprendizaje:
- El que deja de cuestionar
- El que rechaza nueva evidencia sin análisis
- El que aplica guías sin comprenderlas
Ese es el médico realmente desfasado
Los médicos mayores sabemos claramente que la medicina evoluciona, que los protocolos cambian, que lo útil hace 10 o 15 años ya puede que no sea de utilidad. Sabemos que la verdad de ayer es la mentira de hoy.
Hay algo que suelen ignorar, estos super médicos modernos: Los médicos de mi generación tenemos una enorme experiencia clínica que no aparece en los libros ni en las redes. Hemos vistos, oído, palpado, vivido más que todos ellos juntos. Hemos manejado complicaciones que muchos de esos médicos jóvenes que nos etiquetan solo conocen en teoría. Y las hemos manejado en epocas de grandes precariedades, sin equipos sofisticados y modernos, sin insumos suficientes, sin embargo, mantuvimos en las instituciones indicadores envidiables, indicadores que fueron tomados como ejemplos para replicar las estrategias en otros lugares.
Sepan que la edad no es problema, los años en servicio no son problemas, siempre que haya una actualización científica constante aunada a una experiencia clínica acumulada.
Ustedes médicos jóvenes pueden estar más familiarizados con teorías, con tecnologías, pero les falta apego a protocolos, medicina basada en evidencia, experiencia, juicio clinico, manejo practico.
En lo personal se me ha tratado de ser una gineco obstetra desfasada, pero esta desfasada ha entregado más a la sociedad sanjuanera y a la salud materno perinatal, que todos ustedes super médicos muy actualizados. He aportado incluso a su misma formación con la apertura de tres escuelas de residencia medica en el Hospital Regional Dr. Alejandro Cabral, junto a un equipo de médicos jóvenes que no han olvidado valores como: Respeto, integridad, honestidad, humildad y que saben reconocer el valor de las personas.
Y algo importante: A esos broncemicos, orgullosos y prepotentes, que nos tildan de “desfasados” en forma despectiva, sepan que la realidad es el criterio de la verdad, y que la medicina no solo trata de teorías y memorizar guías, es saber cuándo aplicarlas… y cuándo no.
La medicina es una disciplina en constante evolución, donde la experiencia acumulada y la actualización continua no deben verse como opuestos, sino como pilares complementarios. El verdadero desafío no es señalar generaciones, sino construir puentes entre el conocimiento tradicional y la innovación, en beneficio del paciente.
La medicina del futuro no será dominada por una generación, sino por una mentalidad:
- Humildad intelectual para seguir aprendiendo
- Respeto por la experiencia clínica acumulada
- Capacidad de adaptación sin perder criterio
- Pensamiento crítico por encima de la memorización
Llamar “desfasado” a un médico puede ser una forma fácil de evitar una conversación más difícil: ¿estamos realmente formando profesionales que integran conocimiento, experiencia y humanidad?
Porque en medicina, el mayor riesgo no es estar atrasado en una guía… es estar vacío de criterio.
Dios les bendiga.
Con amor, Dra. Dionni Batista.

