La tarde del 27 de marzo de 2026 no parecía distinta a cualquier otra en el Distrito Nacional, pero en el estacionamiento del cuarto nivel de una plaza de la Ave. Sarasota ya todo estaba en marcha.
Horas antes, el destituido fiscal, Aurelio Valdez Alcántara, había hecho una llamada. Del otro lado, Roberto Canaán recibió la indicación de reunirse lo antes posible. Esta vez no sería en el lugar que habían quedado.
Cuando Canaán llegó, no estaba solo, aunque no lo supiera. Un equipo integrado por el Encargado de la División de Operaciones de la PN, Luis Antonio Valdez Moreno, auxiliado por varios agentes, y acompañados por el Fiscal Andrés Octavio Mena Marte, adscrito a la Dirección de Jurisdicción Privilegiada y Procesos Especiales ya se encontraba en el lugar, distribuidos estratégicamente, atentos a cada movimiento. La misión era clara, documentar una entrega vigilada.
El encuentro dentro del vehículo
El vehículo apareció poco después. Una Honda CRV color crema comenzó a recorrer el estacionamiento con movimientos lentos, como quien busca parqueo sin prisa. Dentro iba el fiscal. Los agentes observaban.
El vehículo se detuvo cerca de donde estaban apostados. Canaán se acercó y subió.
Durante unos minutos permanecieron dentro, apenas cinco, suficientes para que la escena quedara marcada como el momento clave. No hubo ruido ni interrupciones, solo una conversación breve que, según el expediente presentado por el Ministerio Público, terminó con la entrega del dinero.
Luego el vehículo arrancó. Salió del estacionamiento, tomó calles cercanas en dirección contraria y dio vueltas que parecían intentar romper cualquier rastro. Pero regresó. Volvió al mismo nivel del parqueo donde todo había comenzado.
Canaán se desmontó. El fiscal continuó solo.
La intervención en plena vía
A partir de ahí, el seguimiento no se detuvo. La Honda CRV salió del centro comercial y avanzó por la avenida Sarasota hasta acercarse a la calle Pedro Antonio Bobea. Fue en ese punto donde los agentes decidieron intervenir.
Le ordenaron detenerse. El fiscal bajó del vehículo sin imaginar que el recorrido ya estaba trazado hasta el final. La sospecha era firme y no tardó en confirmarse.
El hallazgo oculto
El vehículo fue trasladado a la Procuraduría General de la República, donde iniciaron la inspección.
Dentro encontraron documentos, tarjetas, celulares, una tableta institucional y un arma de fuego. Pero lo que buscaban no estaba a simple vista. Estaba oculto.
En el interior del sunroof, cuidadosamente escondidos, aparecieron cien billetes de cien dólares. Diez mil dólares en efectivo.
La tarde terminó con una escena distinta a la que había comenzado. Lo que inició como una llamada terminó convertido en evidencia. Y en ese trayecto, quedó reconstruido el momento en que, según las autoridades, un fiscal dejó de perseguir delitos para formar parte de ellos.

