Epidemia de Violencia en RD

Por Rubén Moreta

La violencia es un problema social de gran calado.  Está iniciando el 2023 y los diarios y la televisión nacionales están cada día teñidos de sangre, consecuencia de episodios violentos.


La principal causa de muerte masculina en República Dominicana se debe a homicidios.  Al hombre violento los tormentos existenciales le barrenan la sique. Los fantasmas lo persiguen. La agonía es incesante. La intranquilidad es latente en los días y en las noches. No tiene paz.  No hay remanso.  Los pensamientos lo martillan una y otra vez. Se extinguen las sonrisas y solo el tormento domina el pensamiento.

Los hombres violentos no sienten tener gratificación ni autocomplacencia. Se reducen a maquinas que solo creen recibir hostigamiento de las personas de su entorno, que él entiende deberían amarlo pero que, en su pensamiento, hacen lo contrario: lo flagelan.


El hombre violento cree fijamente que no lo complacen, ni lo miman y que contradicen y contravienen su proyecto de vida. Por eso toman el camino corto, y concluyen que su única salida es matar y matarse.

El homicida-suicida ve cerrar todas las puertas y los resquicios para su salida existencial y para facilitar solución satisfactoria de sus miserias y conflictos familiares.  Solo ve bruma, tedio, oscuridad, concluyendo que lo recomendable es matar o matarse.  De esta forma prepara alevosamente un plan sangriento, y lleno de tranquilidad toma el cuchillo, el machete o el revólver y lo ejecuta.

Asimismo, no tolera que la mujer lo abandone.  Asume que su pareja es “una cosa” de su propiedad. Si no es suya no puede ser de otro.  Imposible que “lo bote”.  “El macho es quién vota”, aducen.

Pero todos somos culpables, porque, aunque es penoso admitirlo, los mecanismos de socialización de la cultura (la familia, los medios de comunicación, la escuela y la iglesia) fomentan ese machismo que deviene en violencia social.

La actual epidemia de violencia que vive la República Dominicana es una inverosímil danza de la muerte que recuerda la condición animal del ser humano.

Nos quedan dos armas para combatir que el país se siga sembrando de luto y dolor: la educación y endurecer los castigos punitivos.

El autor es Profesor UASD.

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