Violencia vicaria, la máxima expresión de crueldad hacia la mujer

La violencia de género es un mal que afecta a todas las sociedades a nivel mundial y existen múltiples tipos de violencia que se ejercen contra la mujer, pero la más macabra es la violencia vicaria, ya que causa un daño psicológico irreparable a las féminas.

Según una investigación de la Universidad complutense de Madrid, se explica que la violencia vicaria es aquella que tiene como objetivo dañar a la mujer a través de sus seres queridos, específicamente a través de sus hijos. El padre daña a sus vástagos llegando a causarles la muerte y empleando recursos crueles para desaparecer la evidencia del delito.


El objetivo es causar daño a la pareja por encima del afecto que pudiera sentir por sus hijos. El asesinato de los hijos es la parte más visible de esta forma de violencia extrema que destruye a las madres, también pueden utilizar la manipulación para poner a los hijos en contra de la progenitora.

El objetivo de este tipo de agresión es el control y el dominio sobre la mujer, en un alarde máximo de posesión en una relación de poder que se sustenta en la desigualdad.


La violencia vicaria está englobada dentro de la violencia de género, ya que se sustituye a la persona en la acción de agresión directa para causar un daño psicológico mayor y permanente a la mujer y la ejercen siempre hombres contra mujeres.

Este tipo de violencia no es igual que el parricidio, ya que la violencia vicaria se ejerce en contra de la mujer, su objetivo principal es causar daño infinito emocional hasta tal punto que lleva a la víctima a cometer suicidio, mientras que el parricidio es provocarle la muerte a una persona con la que hay un vínculo sanguíneo.

Lucha contra la violencia vicaria

La violencia vicaria cuenta con la complicidad de una sociedad que cuestiona permanentemente a las mujeres, que las priva de autoridad y pone en duda su palabra. Las mujeres suelen intentar que su voz se oiga en el colegio de esas hijas o hijos, entre las amistades, en la propia familia, en los juzgados, pero los imaginarios del “buen padre” y la “mala madre” se imponen. Se prefiere escuchar al varón y apoyar al hombre que juega a ser víctima, que a esas mujeres que, desesperadas, intentan hacer oír su voz para evitar que el padre haga daño a sus hijas o hijos.

Según indica la Universidad Complutense en su estudio, para luchar contra la violencia vicaria es necesario que las sociedades tomen conciencia de la realidad de la violencia de género y que los poderes del estado no deben admitir la negación de la violencia contra las mujeres y dejar de justificarla.

Así mismo se explica que la mejor forma de combatir este tipo de violencia de género es la educación en todos los ámbitos, educar a las sociedades para las nuevas generaciones e incitar las acciones de sensibilización dirigidas al tema.

Proteger a los infantes

Cuando un hombre amenaza a una mujer con quitarle a sus hijas o hijos está dando signos claros de violencia vicaria. Las amenazas a las mujeres con sus hijas o hijos deben hacer saltar todas las alarmas. La protección a las víctimas de violencia de género es esencial, reconociendo que un maltratador nunca puede ser un buen padre.

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