Personas en situación de calle: ¿indigentes o pedigüeños?

Dar dinero a las personas que piden es las diferentes avenidas de República Dominicano es considerado como un acto de solidaridad, no obstante, hay quienes se camuflan como indigentes o fingen alguna incapacidad física o psiquiátrica para “estafar la buena fe” de muchos ciudadanos.

Para la socióloga de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Josefina Arvelo, la cantidad de indigentes en las calles de República Dominicana, principalmente el Gran Santo Domingo, es preocupante y más aún cuando son grupos vandálicos que se hacen pasar por indigentes.

“Nosotros tenemos una situación en la que tenemos que tener mucho cuidado con eso, porque estamos encontrando personas que son extranjeros que están asumiendo una condición de indigente sin serlo, sino no más bien que son pedigüeños”, advirtió.

Durante un recorrido por avenidas de la capital, un equipo de elDinero pudo contactar a mujeres de origen haitiano y niños de la misma nacionalidad, así como dominicanos, pidiendo dinero a conductores y transeúntes.

El drama se agudiza cuando otras se apostan en horas nocturnas con bebés y niños de entre 7 y 10 años de edad, como es el caso de la avenida John F. Kennedy esquina Abraham Lincoln, sin que aparentemente medie un control migratorio. El periódico elDinero trató de contactarse con la Dirección General de Migración, pero no fue posible obtener su reacción.

Al respecto, Arvelo afirmó que generalmente estas mujeres con niños en brazos o supuestos discapacitados piden dinero de manera insistente en lugares recurrentes como puentes peatonales y debajo de semáforos.

“El Estado tiene que prohibir que estas personas estén en las calles, porque independientemente de que su condición económica sea ‘muy baja’, vienen de un lugar (residencia fija)”, expresó.

Un negocio lucrativo

Para el jurista Cándido Simón Polanco, el Código Penal dominicano prevé sanciones para quienes se dedican a pedir en las calles.

“Desde 1940 o 1960 está proscrito en República Dominicana la mendicidad. Es decir, está prohibido y sancionado mendigar”, manifestó Simón Polanco subraya que este tema se ha criticado, debido a que quienes no trabajan y no cuentan con las condiciones físicas para hacerlo pues tenga que salir a las calles a pedir.

“Pero en la práctica no lo someten, porque sería irracional que esta época de la vida que una persona en esa condición, además que no tiene con qué comer y con qué pagar una vivienda, que vive debajo de un puente y que encima de eso se le detenga para llevarla a la cárcel”, explicó.

Sin embargo, resaltó que esa situación de indigencia es diferente a los estafadores que se hacen pasar por indigente o incapacitado físico.

“Cuando usted se hace pasar por mendigo o que tiene una pierna menos, cuando lo que la tiene es oculta con el pantalón, ya eso es estafa”, aclara, al subrayar que la estafa es un delito que se sanciona con uno o dos años de prisión menor y multa de tres a seis salarios mínimos del sector público.

Estafa

Según el Código Penal dominicano, en su Artículo 259, “constituye una estafa el hecho de usar un falso nombre o calidad, o abusar de una calidad verdadera, o emplear maniobras fraudulentas para engañar a otra persona, física o jurídica, y convencerla así, en su perjuicio o en el de algún tercero, a que entregue valores, fondos o un bien, o brinde algún servicio, o consienta un acto que opere obligación o descargo”.

En esos casos, Simón Polanco recalca que se dan dos casos: aquellos que usan a otros para explotar su miseria, convirtiéndose en un vil negocio, y quienes realmente carecen de recursos económicos.

“Hay mujeres haitianas que andan con dos y tres niños, usualmente no son sus hijos, pero son parte de una estructura que las explota a ellas y los niños. Lo grave es que las entidades del Estado no intervengan en eso”, critica.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Inmigrantes (ENI) 2017, publicada por ONE, la población inmigrante en el país se ubicó en 570,933, lo cual representa alrededor del 5.6% del total de la población. De la cantidad total de inmigrantes, la referida encuesta, que se aplica cada cinco años, señala que el 87.2% (497,825) es de nacionalidad haitiana.

La presencia de niños dominicanos y haitianos pidiendo en calles y avenidas de la Capital preocupa, tanto a las autoridades del Ministerio Público como a organismos internacionales. El representante de Unicef en el país, Tad Palac, había dicho a la prensa que esta situación es un problema complicado.

Sin embargo, Arvelo insiste en que cada persona sea investigada por las autoridades. “Porque no son un millón de personas. Los que son extranjeros y no tienen ninguna identificación hay que mandarlos a su país y si tienen identificación deben buscar otra fuente de ingresos o que el Estado le consiga una, pero hay que eliminar ese tipo de situación”, puntualizó.

Discapacidad

Sobre las personas que presentan alguna discapacidad física y que están pidiendo en las calles, la socióloga Josefina Arvelo indicó que en el país existen programas sociales para esa población, a través del Consejo Nacional de Discapacidad (Conadis).

“Entonces, el Estado debe llevar a esas personas a los diferentes programas (de ayuda) para que pueda ser atendida. Cada indigente que tenga una condición particular que el Estado las reubique para que le brinden protección, acogida u otro tipo de ayuda”, añadió.

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